Un rincón con las herramientas y las apps que vamos horneando. Nada de rollos: entras, lo usas y a otra cosa.
Las versiones de prueba de lo que estamos construyendo, listas para instalar en tu Android antes que nadie. Te las descargas, las cacharreas y nos cuentas qué se ha roto.
Ver descargas ➔Guarda las claves de tus proyectos cifradas en el móvil, ocúltalas hasta que las necesites y muévelas al ordenador cuando haga falta. Sin cuenta, sin nube.
Ver la app ➔Repostajes, recargas y mantenimiento de tu coche híbrido enchufable. Sin cuenta, sin nube: todo cifrado en tu propio teléfono.
Ver la app ➔Cata, puntúa y compara lo que compras entre marcas y supermercados. Precio por kilo, escáner de códigos y un podio por categoría para saber cuál merece la pena de verdad.
Ver la app ➔Las tareas de casa en familia. Los peques siguen sus rutinas paso a paso y en voz alta, ganan estrellas y las cambian por premios que ponéis vosotros. Sin anuncios y en nueve idiomas. El «recoge tu cuarto» de toda la vida, pero con premio.
Ver la app ➔¿Quién ha sacado la basura esta semana? Cada tarea de casa da monedas, la otra persona la valida y luego te las gastas en los premios que ha puesto en su estantería. Discutir el reparto, pero jugando.
Ver la app ➔Apunta cada vez que vas al baño y lo que bebes con cuatro toques; la hora se guarda sola. Cuando el médico te pida el diario de 3 días, te pide los mililitros y te deja el PDF listo para la consulta. Sin cuenta y sin nube.
Ver la app ➔Un cronómetro que lleva la cuenta exacta de cuántos días lleva esta misma ficha en la sección de "próximamente". Ahora mismo el número da un poco de vergüenza.
Sin fecha, de momento ➔Le pegas "oye q hoy no llego, me duele tol cuerpo" y te devuelve un correo impecable, con "Buenos días" y hasta con tilde. Ojalá exista antes de que lo necesites de verdad.
Sin fecha, de momento ➔Siempre hay algo a medio hacer en el horno. Cuando esté listo para tocar, aparecerá por aquí.
Ni cookies, ni analíticas, ni píxeles de rastreo, ni Google mirando por encima del hombro. Hasta las letras se sirven desde aquí. Por eso no te sale el cartelito de «aceptar todo»: no hay nada que aceptar. Las únicas galletas, las del desayuno.